SATANISMO Y METAL:

 


EL MATRIMONIO PERFECTO

Satán nunca podría haber encontrado para instalarse en este

mundo un sitio mejor que las bandas metálicas de los años 80. Su

estética maléfica a base de cuero y tachuelas, sus apoteósicas

actuaciones en directo, su música endemoniadamente atronadora,

sus letras perversas… hicieron que grupos como Motley Crüe,

Judas Priest o Venom encontraran el terreno abonado para hacer

apología del satanismo, aunque en muchos casos la relación de

estas bandas con el culto al Diablo no pasara de la mera anécdota o

de la triquiñuela promocional.

Muchas son las bandas metálicas que poblaron el planeta del

rock en los años 80, y gran parte de ellas hicieron uso de la

parafernalia satánica para llamar la atención de los adolescentes

impresionables, por lo que aquí sólo nos referiremos a las más

gloriosas muestras del satanismo hecho espectáculo circense.

Ya hemos visto que fueron los ejecutivos de marketing de la

compañía Vértigo los que descubrieron el satanismo como método

de promoción del primer disco de Black Sabbath. Siendo la banda

de Ozzy considerada unánimemente como la creadora de la estética

y el sonido del heavy metal, es normal que todas las bandas

posteriores del género siguieran el camino que ellos habían trazado.

Y parte de ese camino era, por supuesto, el culto al Diablo.

Los veteranos: Judas Priest, Ozzy Osbourne y Alice

Cooper

Durante los años 80 sobrevivieron parte de las bandas metálicas

que se habían creado en los 70, primero a la sombra de Black

Sabbath y después creando su propio estilo y personalidad. Uno de

los ejemplos más destacables y polémicos es Judas Priest

En 1971, K. K. Downing y Ian Hill, quizá influidos por el debut de

Black Sabbath, decidieron formar un grupo y llamarlo Judas Priest

(Sacerdote Judas). En 1974, después de varios cambios en la

formación original y de haberse curtido a conciencia carretera,

graban su primer Lp, Rocka Rolla, para Gull Records, con Rob

Halford como cantante. Así comenzaba la andadura de una de las

bandas metálicas más recordadas de la época dorada del heavy

británico, cuya historia llega hasta la década actual, década que

inauguraron inmersos en el escándalo provocado por el suicidio de

dos de sus fans.

Antes de entrar de lleno en la historia por la que Judas Priest son

mayoritariamente conocidos en el ámbito extramusical, conviene

comentar que Judas Priest no es un grupo especialmente satánico,

al menos, no más satánico que muchos de sus compañeros de

género. El satanismo en Judas Priest se reduce a la parafernalia

dantesca y medieval de varias de sus portadas, la violencia de

muchas de sus letras y a algunos mensajes grabados hacia atrás —

práctica habitual en el heavy de los años 80, que no tiene ni la mitad

del encanto de aquellos primeros experimentos de The Beatles—.

Fue precisamente una de estas mascaradas la que les reportaría

gran cantidad de problemas.

En 1990, los padres de James Vance y Raymond Belknap, dos

adolescentes fans de Judas Priest que se habían suicidado

conjuntamente, alegaron como detonante del desgraciado suceso

los mensajes subliminales que el grupo había grabado hacia atrás

en ‘Better by you better than me’ (Mejor por ti que por mí), canción

perteneciente a su álbum Stained Class (Clase de Colores) de

febrero de 1978.

Judas Priest se vieron obligados a cancelar su gira europea para

asistir al juicio en el que los abogados de los padres de James y

Raymond pedían 6,2 millones de dólares de indemnización por la

muerte de sus hijos. Después de varias semanas de una batalla

legal que fue exhaustivamente cubierta por los medios de

comunicación, el juez Jerry Whitehead absolvió a Judas Priest de

toda responsabilidad en relación con el suicidio de los dos jóvenes,

ya que éstos habían crecido en un entorno violento y empobrecido,

y el día de su suicidio habían obtenido malas notas, habían tomado

drogas y se encontraban muy deprimidos.

Asuntos legales aparte, Judas Priest es uno de esos grupos

cuyos componentes pueden ser considerados «obreros del metal»,

músicos curtidos e incansables que pasan su vida entre la carretera

y el estudio de grabación. Los héroes metálicos de los últimos años

70 y la década de los años 80 se convirtieron en adalides de una

generación desencantada, y su propio desencanto lo vertieron en

sus letras siempre después de pasarlo por su tamiz épico y brutal.


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