El diablo inyecta a Bad bunny

Para colmo, la canción finalizaba con unas misteriosas palabras:

Shazbot Nunu Nunu. Muchos creyeron que procedían de algún libro

de brujería, pero, en realidad, su origen era mucho más terrenal:

una teleserie de marcianos.

Esta fue la batalla —en la que vencieron gracias al apoyo de sus

fans y de popes de la contracultura como Frank Zappa— que

AC/DC tuvieron que librar contra las asociaciones moralistas

norteamericanas que les llamaban satanistas, una acusación que no

tenía ni pies ni cabeza por cuanto no resistía un mínimo análisis de

las letras de la banda australiana, que les revelaban como lo que

realmente eran: unos garrulos entrañables y juerguistas, unos

granujas con ganas de diversión y una de las bandas más honestas

que ha dado la historia del rock and roll.

Nos sumergimos ahora de lleno en los territorios del heavy metal

más ortodoxo de la mano de Iron Maiden, que quizá sea, junto con

KISS, la banda que más ha explotado la relación entre metal y

cómic, aunque estos últimos se basaron más en los superhéroes (o,

más bien, en los supervillanos) facturados por el sello Marvel, tan

reivindicado en la actualidad, y los primeros en un dibujo de

ultratumba más próximo a magazines como Creepy. Es innegable

que el zombie Eddie —creado por Derek Riggs, dibujante que

acostumbra a firmar sus trabajos con una especie de runa céltica—

que ilustra las portadas de sus discos y singles es una seña de

identidad del heavy metal y el motivo favorito de muchos

metalheads para decorar sus carpetas y las paredes de sus

habitaciones.

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