Los únicos atisbos de satanismo en Alice Coope

 


Alice Cooper descubriría a principios de los años 70 el camino

que le llevaría a la fama por los arrabales más detestables de la

sociedad norteamericana. En aquel momento triunfaban las bandas

de rock duro y Alice Cooper se reconvirtió a este estilo en el que

encontró el lugar ideal para dar salida a todas sus excentricidades

escénicas: serpientes vivas reptando por su cuerpo, decapitación de

gallinas y muñecas de goma, sillas eléctricas, simulaciones de su

propio guillotinamiento… Una puesta en escena espectacular, que,

en definitiva, hacía de la actuación de una banda de rock algo más

que cuatro tipos tocando unas canciones, el territorio donde el rock y

el teatro se unían para el deleite de un público sediento de

emociones fuertes… y para el escándalo de los guardianes de la

moral.

Los únicos atisbos de satanismo en Alice Cooper —además de

la procedencia del nombre— son los simulacros de sacrificios de

animales que realizaba en escena. Nunca llevó a cabo Vince Furnier

en la vida real los desmanes que su alter ego Alice Cooper

perpetraba durante sus actuaciones. Supo separar perfectamente su

faceta como el showman más siniestro del planeta de su vida

privada como un ser humano normal y corriente. Ni siquiera sus

canciones hablaban de satanismo, sino, más bien, de temas

escabrosos, desagradables o que fueran tabúes prohibidos. Sin

embargo, a causa de sus representaciones en vivo fue perseguido

como enviado de Satanás. Una vez más, como en el caso de Ozzy

Osbourne, se ha de decir que si Alice Cooper estuvo alguna vez

poseído por alguien, ese alguien fue el alcohol, que le envió a una

clínica de desintoxicación a finales de los años 70.

Los neófitos y el gran circo del heavy metal

El metal de los años 80 fue un paréntesis muy loco lleno de

anécdotas divertidas en el que el satanismo fue utilizado por las

bandas de este espectro como reclamo morboso. La década

anterior fue pasto de los estereotipos y los clichés. La consigna

parecía ser: «El heavy metal será satánico o no será», pero ese

satanismo era un satanismo de pastelería, de cómic, del cachondeo

y desmadre propios de una juventud que todavía no sentía en sus

carnes los embates del desempleo y la crisis económica.

Los grupos metálicos de los 80 y sus seguidores se aprendieron

al dedillo las normas del manual de bolsillo del perfecto satanista.

Una de las lecciones mejor aprendidas fue la de los mensajes

ocultos, que sus seguidores empezaron a aplicar en sus propios

nombres. De este modo, KISS (que literalmente significa beso) eran,

en realidad, Kings/Knights/Kids In Satanic Services

(Reyes/Caballeros/Niños en Servicios Satánicos); AC/DC, Anti

Christ/Death Christ (Anti Cristo/Muerte a Cristo); W.A.S.P., siglas

inglesas para White Anglo Saxon Protestant (Protestante Blanco

Anglosajón) se convirtió en We Are Sexual Perverts (Nosotros

Somos Pervertidos Sexuales); Slayer (asesino), Satan Laughs As

You Eternally Rot (Satán Se Ríe Mientras Tú Te Pudres

Eternamente), etc. Otro de los métodos preferidos por las bandas

para esconder sus mensajes satánicos era el viejo truco de la

grabación hacia atrás, culpable de la muerte de tantas agujas de

tocadiscos.

Comments