Suicide
Solution’ serviría para desatar una oleada de
acusaciones
contra el heavy metal y sus nefastas influencias sobre
la juventud
por parte de los sectores más conservadores de la
sociedad
norteamericana, y provocó que, cada vez que un joven se
suicidaba,
se realizara un repaso completo a su discoteca para
descubrir
cuál de aquellas grabaciones satánicas había sido el
detonante
de su fatal decisión. El propio Ozzy saldría al paso de
estas
acusaciones: «Los padres me han llamado y me han dicho:
“Cuando mi
hijo murió de una sobredosis, tu Lp estaba en el
giradiscos”.
Yo no puedo evitarlo. Esa gente se está trastornando de
todos modos
y necesitan un vehículo para sus trastornos».[40]
Sin
embargo, estos problemas no iban a amilanar a un rockero
curtido
como Ozzy, que bromeaba con imprimir una camiseta con la
leyenda «Si
te ha salido el día torcido, échale la culpa a Ozzy
Osbourne».
En su siguiente Lp Bark at the Moon (Ladra a la luna)
no
renunciaría un ápice a su imagen perversa y terrorífica. La
canción que
da título al disco habla de un hombre lobo que regresa
para
vengarse de aquellos que le despreciaron y le enterraron. En
esta
ocasión, las acusaciones contra la música de Ozzy no serían
por
inducción al suicidio, sino al asesinato:
«(…) De
acuerdo con el Servicio de Prensa por Cable de
Canadá, el
efecto de la música heavy metal influyó a un joven
llamado
James Jollimore que, en la Nochevieja de 1983, salió
a la calle
para apuñalar a alguien. Un amigo del acusado
testificó
que Jollimore, de veinte años, a quien se le acusa del
asesinato
en primer grado de una mujer de cuarenta y cuatro
años y sus dos
hijos, sintió que le apetecía apuñalar a la
gente
después de escuchar música como ‘Bark at the Moon’
de Ozzy
Osbourne. “Jimmy dijo que cada vez que oía esa
canción se
sentía extraño”, declaró su amigo ante el Tribunal.
“Dijo que,
cuando la oyó en Nochevieja, salió y apuñaló a
alguien”».[41]
El año 1991
supondría el final del Ozzy «satánico». El Lp No
more Tears
(No más lágrimas) coincidió con la victoria de Ozzy
sobre su
alcoholismo y cerró una etapa en la que no había escrito
un solo
disco estando sereno. Atrás quedaba un largo historial de
acusaciones
de satanista y adorador del Diablo, de quema pública
de sus
discos por parte de cristianos fundamentalistas, de reparto
de
panfletos contra él entre los asistentes a sus conciertos, de
conciertos
vetados en determinadas ciudades… Ozzy construyó su
carrera a
partir de un puñado de buenas canciones de heavy metal
agrupadas
en álbumes cuyos títulos y portadas escandalizaban a
los
biempensantes, que en muchas ocasiones —tal y como
sucediera
en la etapa Sabbath con Master of Reality— no se
molestaban
en analizar el contenido de las canciones. De haberlo
hecho,
quizá habrían descubierto que el único demonio al que Ozzy
había
adorado durante tantos años era el alcohol.
Otro
adorador del alcohol y fuente de inspiración para muchos de
los
desmadres escénicos de Ozzy es Alice Cooper, reinventor del
rock como
espectáculo teatral y circense y padre espiritual de
bandas como
Kiss y Marilyn Manson.
Vincent
Furnier formó un grupo en Phoenix (Arizona) en 1965
llamado Earwings.
Atraídos por la revolución contracultural, viajaron
hasta Los
Ángeles, donde llamaron la atención de Frank Zappa, que
se ocupó de
editar en su sello discográfico su primer trabajo, un
pastiche de
hippismo trasnochado totalmente alejado de lo que sería
su
trayectoria posterior.
En Detroit,
la «rock city» que Kiss inmortalizarían años más
tarde, se
convertirían en Alice Cooper, nombre que posteriormente
adoptaría
su cantante, Vincent Furnier, para su carrera en solitario.
Ya desde el
comienzo quisieron rodearse de un aura de esoterismo,
ya que
Alice Cooper es el nombre de una bruja del siglo XVI que
murió en la
hoguera. Según contaban, el nombre les había sido
sugerido
por la ouija durante una sesión de espiritismo.[42]
Ozzy enseña
los dientes.
Alice
Cooper descubriría a principios de los años 70 el camino
que le
llevaría a la fama por los arrabales más detestables de la
sociedad
norteamericana. En aquel momento triunfaban las bandas
de rock
duro y Alice Cooper se reconvirtió a este estilo en el que
encontró el
lugar ideal para dar salida a todas sus excentricidades
escénicas:
serpientes vivas reptando por su cuerpo, decapitación de
gallinas y
muñecas de goma, sillas eléctricas, simulaciones de su
propio
guillotinamiento… Una puesta en escena espectacular, que,
en
definitiva, hacía de la actuación de una banda de rock algo más
que cuatro
tipos tocando unas canciones, el territorio donde el rock y
el teatro
se unían para el deleite de un público sediento de
emociones
fuertes… y para el escándalo de los guardianes de la
moral.

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