Black Sabbath: creadores del heavy metal



El grupo británico Black Sabbath, sin llegar nunca a adorar a ningún brujo o manifestación sobrenatural de forma tan descarada como Jimmy Page, se convirtió en portador de las más grotescas y patentes muestras de satanismo desde su debut discográfico en 1970.

El satanismo en Led Zeppelin venía casi exclusivamente provocado por la admiración de Jimmy Page por Aleister Crowley. Era un satanismo revestido de intelectualidad, levemente apuntado a través del simbolismo, de portadas enigmáticas, de misterios a medio revelar y de una leyenda que dejaron que creciera hasta que les devoró. Con excepción de los mensajes ocultos en ‘Stairway to Heaven’, en prácticamente ninguna de las letras que Robert Plant escribió para la música de Led Zeppelin se puede encontrar alguna referencia explícita al Diablo.

Por el contrario, Black Sabbath, cuyos miembros habían recibido una estricta educación católica, sí utilizaron la figura del Demonio en sus composiciones. Ello, junto con la atmósfera terrorífica que destila su primer trabajo, provocó que fuesen considerados como abanderados del satanismo hasta cuando escribieron canciones en defensa del cristianismo. Desde luego, su nombre artístico no les ayudó en su lucha por limpiar su imagen. Black Sabbath o Sabbath Negro es otra forma de definir los aquelarres de las brujas. Su imagen grotesca y tenebrosa, sus portadas truculentas y unas letras tenebrosas hicieron el resto.

Como veremos más adelante, Black Sabbath se presentaron de modo siniestro por consejo de los ejecutivos de la compañía discográfica que editó su primer trabajo. Es una lástima que a causa de su leyenda negra se olviden en muchas ocasiones las valiosas aportaciones que Black Sabbath realizaron a la música de los años 70, no sólo como creadores de unos riffs densos y lúgubres que posteriormente serían el patrón del heavy metal, sino también por ser los primeros en descubrir los beneficios que reporta la estética descaradamente malvada en el mundo del rock. Sin Black Sabbath, las estanterías de las tiendas de discos en los años 80 no habrían estado pobladas de discos de grupos de heavy garrulo con portadas sembradas de imaginería satánica, tal y como veremos en el próximo capítulo.

No obstante, sería injusto culpar únicamente a Black Sabbath de la expansión del gusto por lo satánico. La promoción elegida por su compañía discográfica influyó mucho en su consolidación como banda satánica, sin que ninguno de sus miembros, excepto el bajista Geerzer Butler, demostrara un interés especial por el esoterismo. Los miembros de Black Sabbath eran unos veinteañeros en el momento de su debut, y se dejaron llevar por los consejos de los ejecutivos de marketing de la compañía. Esta imagen y actitud deliberadamente siniestra les reportaría mucha fama, pero también haría que sus canciones fueran malinterpretadas, que las metáforas satánicas que utilizaban para hablar, por ejemplo, de temas como la guerra, cayeran en saco roto.

Ya en Earth y en aquellos primeros tiempos en Alemania, Ozzy comenzó a labrarse su fama de lunático imprevisible. Cuenta la leyenda que, en 1968, ante el poco interés demostrado por la audiencia durante una actuación del grupo en un pequeño club, Ozzy se retiró a los camerinos y se pintó la cara, las manos y los pies con pintura de color púrpura. Cuando volvió a salir a escena, comenzó a proferir alaridos, pero aquellos germanos circunspectos siguieron sin prestarle atención. Su treta no dio resultado, pero supuso un buen comienzo para uno de los cantantes más desagradables de la historia del rock.

Es de suponer que gran parte de la entrega de Ozzy en escena (su histrionismo llevó a mucha gente a comentar que parecía estar poseído por el Demonio durante las actuaciones de Black Sabbath) se debiera a que la música le había salvado de una vida de delincuencia. Ozzy proviene de una familia de clase baja que pasaba por muchos apuros para llegar a fin de mes. Cuando Ozzy fue expulsado de la escuela, se puso a trabajar para aportar dinero a la maltrecha economía familiar. Curiosamente, sus trabajos (afinador de bocinas en una fábrica de automóviles y empleado en un matadero y un crematorio) serían premonitorios del estruendo de su música y su gusto por lo macabro.

Pero Ozzy no quería recibir órdenes de nadie, de modo que dejó su trabajo para intentar hacer carrera en el mundo del hampa. Hizo sus pinitos con algunos robos y asaltos, pero cometió el error de realizarlos con las manos cubiertas por guantes con los dedos recortados, por lo que a la policía le fue muy sencillo dar con él a través del análisis de sus huellas dactilares y enviarle tres meses a prisión a la edad de dieciocho años. Volvería a la cárcel, poco después, por darle un puñetazo en la boca a un policía.

Después de su última estancia entre rejas, decidió que no quería volver. Como no le gustaba trabajar y estaba claro que el crimen no era lo suyo, decidió —vista la popularidad de The Beatles en aquella época— que la música era el camino a seguir. En la actualidad, Ozzy es millonario.

El origen del nombre definitivo del grupo procede de un filme que interpretó Boris Karloff en 1935. Earth sólo tocaban versiones y decidieron titular su primera canción propia como ‘Black Sabbath’. Cuando se dieron cuenta de que ya existía otra banda llamada Earth, Geezer Butler propuso tomar para el grupo el mismo nombre de su primera canción. Existe otra versión que añade que otro motivo para la elección de Black Sabbath fue el interés del bajista por el escritor ocultista Denis Wheatley.

En aquellos tiempos, los grupos seguían cantando al sueño hippie de paz y amor libre. Black Sabbath se propusieron cantar sobre el mundo real y decidieron que la realidad sería su fuente de inspiración, si bien el interés anteriormente mencionado de Geezer por el ocultismo les llevaría también a escribir letras esotéricas. No obstante, dado que los Sabbath gustaban de utilizar imágenes diabólicas para hablar del mundo que les rodeaba, tanto en un caso como en otro no se libraron de las acusaciones de satanistas.

 

Sin embargo, contra la creencia popular, existen varios hechos que prueban que los miembros de Black Sabbath no sólo no eran satanistas, sino que, por el contrario, no querían tener nada que ver con el Diablo y sus adoradores. Sirva como ejemplo el origen de los crucifijos que todos sus miembros lucían y con los que decoraban el escenario, crucifijos que han dado lugar a toda clase de especulaciones y a acusaciones de sacrilegio. Antes de que publicaran su primer disco, la fama de Black Sabbath llegó a oídos de un grupo de satanistas que, visto el nombre y las letras de las canciones del grupo, creyeron que comulgaban con su culto y les pidieron que tocaran en la «noche de Satán» que pensaban celebrar en Stonehenge, conjunto de dólmenes famoso por sus supuestos poderes mágicos. Los Sabbath rechazaron la oferta para ser poco después informados por Alec Sanders, Señor de los Brujos de Inglaterra y seguidor suyo, que los satanistas les habían echado un mal de ojo. Asustado, Ozzy le pidió a su padre que les fabricara cruces de aluminio, que posteriormente hicieron bendecir y se convertirían en uno de los símbolos de la banda.

Sin embargo, es posible que las relaciones entre Black Sabbath y Alec Sanders se prolongaran más allá de este episodio, ya que existe otra versión que argumenta que las cruces son una exigencia de Sanders a cambio de realizar determinados conjuros que les asegurarían el éxito. Entre otras condiciones del trato figuraba que Ozzy bailara sobre las tumbas de los cementerios en las noches de luna llena.

Significativamente, el primer disco de Black Sabbath, llamado como ellos, salió a la venta en viernes 13 (el equivalente al martes y 13 en la cultura anglosajona), concretamente, el viernes, 13 de febrero de 1970. La compañía discográfica, Vertigo, dio en el clavo al apostar por abundar en la vena siniestra del grupo como

promoción. Los responsables de marketing de la compañía insistieron en imprimir una cruz invertida en la contraportada del disco para relacionar aún más a la banda con el satanismo. Después de su experiencia con los satanistas, ellos no querían saber nada del tema, pero finalmente les convencieron y accedieron.

La contraportada quedó finalmente ocupada por la cruz invertida y, el interior, por un poema llamado Still falls the Rain (Todavía cae la lluvia) de carácter marcadamente romántico y tenebroso.


 

Parte del contenido del álbum está en consonancia con la portada y la contraportada. El tema ‘Black Sabbath’ parecía la banda sonora ideal para el poema, con el ominoso tañido de una campana y, de fondo, el sonido de la lluvia. Ozzy canta sobre Satán y tras cada verso, aúlla desesperadamente: «¡Oh, nooooo!». También levantan sospechas ‘The Wizard’ (El mago) y ‘Bassically/N.I.B.’, (Básicamente/Natividad en negro) que cuenta la historia de amor entre el Diablo y una mujer mortal que le convierte en una buena persona.


La Iglesia condenó la canción como blasfema (!). Quizá el problema consistía en quién la cantaba. No deja también de ser curioso que, justamente en la gira del álbum de Black Sabbath en el que Ozzy y compañía parecen arrepentirse de haber creado una conciencia malvada en las mentes de sus seguidores, tuvieran lugar hechos como los que relatamos más abajo. Su fama de satanistas se estaba volviendo en su contra. No importa que pidieran a sus fans que adoraran a Dios antes que a ellos en ‘Lord of this World’ (Señor de este mundo):


 


Se dice que el ambiente depresivo y la música recargada de este cuarto trabajo de Black Sabbath indujeron al suicidio a una enfermera británica. En un bato de ironía, la reseña publicada en la revista Nople sobre el álbum comentaba que «debería incluir hojas de afeitar».

          Con     Sabbath     Bloody     Sabbath     (Sabbath,      sangriento

Sabbath, 1973), quinto vértice del pentagrama glorioso de Black Sabbath, la banda británica se desmarcaba con otra portada truculenta, alejada del goticismo romántico de la de su primer trabajo, y más cercana a la estética barroca y abigarrada del heavy metal sangriento de los años 80. El motivo elegido era una bestia infernal numerada como 666 que extendía sus brazos para, con la ayuda de otros demonios, llevarse a un joven yacente en una cama a las profundidades del Averno. Si anteriormente hemos comentado que el satanismo puesto de moda en los años 70 era consecuencia de la resaca del hippismo, Sabbath, ‘Bloody Sabbath’ es una de las pruebas más evidentes. El tono general del álbum es marcadamente depresivo y pesimista y sus surcos vuelven a estar poblados de pesadillas e imágenes apocalípticas. La canción que da título al Lp


es un buen ejemplo de ello.

Todos los textos del disco, excepto Sabbra Cadabra se enmarcan en la línea del anterior, si bien el sonido heavy de la banda se había aligerado. Acompaña a este disco, sin embargo, una curiosa historia. Durante su grabación, los Sabbath viajaron a un viejo castillo inglés donde planeaban interpretar sus nuevas canciones y, si salían bien, aprovechar para grabar algo de material. Ya en la primera noche que pasaron allí comenzaron a suceder cosas extrañas. Ozzy se quedó dormido en una habitación con chimenea, de la cual cayó un pequeño pedazo de carbón y provocó que la habitación entera empezara a arder. Ozzy logró escapar con vida en el último minuto. Más tarde, todos vieron a una persona desconocida que entraba en una habitación. La siguieron, pero la habitación estaba vacía, y su única puerta cerrada desde dentro. Ozzy, Geezer, Bill y Tony comenzaron a contarse historias terroríficas los unos a los otros y acabaron abandonando el castillo aquella misma noche, completamente aterrados.

Sabotage (Sabotaje, 1975), en cuya portada los Sabbath lucían aparatosas cruces en sus pechos (quizá como un tributo a Alec Sanders), supondría una continuación en la línea depresiva de Sabbath Bloody Sabbath, y en ‘Symptom of the Universe’ (Síntoma del Universo) los Sabbath volverían a recuperar su sonido más característico y ese misticismo de ciencia ficción de temas anteriores como ‘Planet Caravan’.

Tras Sabotage llegaría una auténtica declaración de principios: We sold our Soul (Nosotros vendimos nuestra alma), aunque no se aclara si el comprador fue el Diablo o el rock and roll… o Alec Sanders. Technical Ecstasy (1976) abundaría en el sonido ligero de Sabbath Bloody Sabbath y Never say die (Nunca digas morir, 1978) supondría la última colaboración entre Ozzy y la banda. Por lo visto, las diferencias artísticas y cierta falta de interés por parte del cantante respecto a la trayectoria del grupo motivaron su expulsión, si bien ésta no supuso para Ozzy ninguna desgracia, ya que le permitió emprender una carrera en solitario con mucha más fortuna que sus antiguos compañeros.

La mayor parte de las letras de los álbumes de Black Sabbath estaban escritas por Geezer Butler, quien, recordemos, era el único miembro de la banda interesado realmente en el ocultismo. De ahí que el «satanismo» de Black Sabbath fuese más sutil y culto que la autoparodia —sin que este término sea interpretado en sentido peyorativo— a la que se ha dedicado Ozzy en solitario y que tantos beneficios le ha reportado. El reinado de Ozzy comenzó con la nueva década, con un exitoso concierto en 12 de septiembre de 1980 en Glasgow (Escocia) y, por esta circunstancia y por su satanismo de circo, nos ocuparemos de él en el próximo capítulo.

Por su parte, los Sabbath post-Ozzy continuaron situando estratégicamente en sus discos canciones que mantuvieron viva su leyenda de anticlericales. Buen ejemplo es ‘Disturbing the Priest’ (Molestando al sacerdote), cuyo origen está en la grabación de Born Again (Renacido). Tony Iommi y los suyos ensayaban al lado de una iglesia, con la consiguiente protesta diaria de su vecino, a causa de las molestias que le provocaba el volumen de la música. También se pueden señalar, en este sentido, ‘I Witness’ (Yo, testigo), que critica el modo en que los jóvenes de hoy en día son acosados por los fanáticos religiosos, y Too late (Demasiado tarde), que narra la historia de un joven que hace un pacto con el Diablo en virtud del cual es capaz de conseguir todo lo que desea, pero al final debe pagar su deuda. El joven intenta escapar de esa maldición, pero es demasiado tarde. ¿Autobiográfica? Con Black Sabbath, nunca se sabe.

Henry Rollins, ex-líder de Black Flag, pronunció durante uno de sus conciertos una de sus frases más famosas: «Sólo puedes creer en ti mismo y en los cinco primeros discos de Black Sabbath». Existe una coincidencia general en señalar esos cinco primeros discos como los más importantes de su carrera. En la actualidad,

Black Sabbath malvive gracias al empecinamiento del guitarrista Tony Iommi, pero el legado musical de aquellos primeros trabajos sigue vigente en el sonido de grandes bandas actuales como Soundgarden.

Aparte de su música, de Black Sabbath también nos queda su leyenda diabólica. A juzgar por su obra, son unos músicos que, en un principio, jugaron con las historias de terror y luego ya no se pudieron quitar       de    encima la     reputación        de    satanistas.

Principalmente durante sus inicios, labraron en torno suyo una serie de misterios que todavía hoy siguen provocando preguntas. ¿Quién o qué es la misteriosa mujer que aparece en la portada de su primer disco? ¿Cuál es el verdadero origen de los crucifijos que lucen? ¿Bailaba Ozzy sobre las tumbas de los cementerios en las noches de luna llena? Sólo ellos y el Diablo lo saben.

Prueba de la importancia del legado musical de Black Sabbath en la actualidad es el disco homenaje Nativity in Black (Natividad en negro) en el que artistas de metal contemporáneo de la talla de Biohazard, White Zombie, Sepultura o Corrosion of Comformity realizaban versiones de clásicos de la banda. La portada muestra una especie de carta del Tarot donde, entre runas, aparece una Virgen María sexy con un Niño Jesús tatuado y diabólico en brazos.

Como en los viejos tiempos.


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