The Eagles, Don Henley, transmitir «gloria ajada, pérdida de inocencia y decadencia»,

 



 el satanismo se puso de moda en los 70 y los 80 merced a superbandas como Led Zeppelin y Black Sabbath. Actualmente, ofendidos quizá por ser recordados en muchas ocasiones más por su leyenda ocultista que por su música, los miembros de ambas formaciones niegan con vehemencia sus antiguas conexiones satánicas, que han pasado a constituir un tema vetado en sus entrevistas.

 Jimmy Peich no quiere ni oír hablar del tema e insiste en que él nunca estuvo interesado en el satanismo, sino en las religiones comparativas. Ozzy Osbourn, con su habitual ironía, recordaba sus tiempos en Black Sabbath con estas palabras: «Lo más cerca de la magia negra que llegamos a estar fue una caja de bombones». Pero Aleister Crowley fue un satanista y no un estudioso de las religiones alternativas, y el primer disco de Black Sabbath no es precisamente una golosina de fácil digestión.

Pero la fiebre satanista no se redujo únicamente al ámbito del rock duro. Hubo otras bandas que también se vieron implicadas en este fenómeno sin tener nada en común con él. El ejemplo más conocido es el de The Eagles, con su canción y Lp homónimo Hotel California. Desde su publicación en 1976, The Eagles se han visto obligados a desmentir los más variados y delirantes rumores en torno a los supuestos mensajes ocultos en la canción y en la portada del álbum. En un principio, The Eagles encajaron bastante mal estas acusaciones, pero con el paso del tiempo aprendieron a tomarse las cosas con filosofía e incluso se permitieron una pequeña broma al titular su álbum de regreso a principios de los 90 Hell freezes over (El infierno se congela).

La portada de Hotel California pretendía, en palabras del batería de The Eagles, Don Henley, transmitir «gloria ajada, pérdida de inocencia y decadencia», pues éstas eran las características que The Eagles veían en los Estados Unidos de 1976. Para ello, eligieron la fachada del Beverly Hills Hotel bañada en la luz crepuscular. Cuando el texto de la canción que abría el Lp fue interpretado en clave satánica, se dijo que ese Hotel California era en realidad la Iglesia de Satán de Anton LaVey que, mira tú por donde, estaba ubicada en la California Street de San Francisco.

Pero ¿qué tiene ‘Hotel California’ para haber sido interpretada en este sentido y haber levantado tanto revuelo? Don Henley ha declarado en varias entrevistas que el tema de la canción es la cocaína, que se trata de una canción contra el abuso de esa droga. Glenn Frey declaró en 1979: «La canción ‘Hotel California’ habla en contra del exceso de cocaína. Nosotros no siempre hemos hecho las cosas con moderación, pero nos estábamos imaginando cómo te quemas lentamente, el largo plazo. Si consumes cocaína como la consumen los indios —cuando tienes que hacerlo, pero no todo el tiempo no te intoxicas. Doy gracias a Dios porque tengo amigos íntimos que, si estuviese desperdiciando mi vida, me lo dirían. Es muy posible que esto sea cierto, ya que a finales de los años 70 la cocaína era la droga de moda y estaba causando serios problemas a mucha gente. El problema es que eligieron para el tema un tratamiento a base de símiles y metáforas —cuya susceptibilidad de malinterpretación ya hemos comprobado de sobra a estas alturas del libro— que permiten una fácil lectura en clave satánica. 

 El pensamiento «Esto podría ser el Cielo o podría ser el Infierno» hace referencia a las dos caras de las drogas, tal y como las definió Huxley en su obra Cielo e infierno, es decir, que toda droga puede llevarte al Cielo o al Infierno. Finalmente, el protagonista de la canción accede a probar la cocaína/ingresar en la Iglesia de Satán. Las voces en el corredor pueden ser las de los adictos o las de los fíeles que le dan la bienvenida a la adicción/congregación.

Las alusiones a Tiffany’s, famosa y exclusiva joyería de Nueva York, y a la marca de automóviles Mercedes pueden hacer referencia a lo atractiva que resulta la cocaína y también a su fama de droga de lujo, para ricos. Igualmente, puede interpretarse que la sacerdotisa es hermosa y por ello atrae a los adeptos/adictos — esos «chicos bonitos»— que bailan en el patio, como las brujas bailan en los aquelarres.


 


¿Quién es ese misterioso Capitán? Tanto puede ser un camello como Anton LaVey como el mismísimo Diablo. Es también significativo que el protagonista le pida vino, puesto que el vino es el licor que se convierte en la sangre de Cristo durante la comunión en las misas del culto católico, y más aún que ese Capitán le conteste: «No hemos tenido ese licor aquí desde 1969», que, como vimos en el capítulo dedicado a la década de los 60, es un año clave en el estudio del satanismo en el rock.

Las voces que llaman al protagonista pueden ser un símbolo de la tentación de volver a caer en el hábito de la cocaína, pero también de las graves secuelas psicológicas que quedan en el individuo que ha pertenecido a una secta.

Al final de la canción, el protagonista relata su intento frustrado de huir del hábit o de la secta.

The Eagles se han pasado mucho tiempo defendiendo su versión contra la de los fundamentalistas cristianos de todo tipo, Finalmente, en su último disco, acaso esperanzados en la menos sociedad mojigata de los 90, se decidieron a incluir una canción que recupera la tradición de Hotel California, es decir, la elección de un lugar norteamericano que les sirva para definir el estado actual de su nación. En este caso, The Garden of Allha (El jardín de Alá) fue la finca de una actriz de cine mudo llamada Allá Massanova, que posteriormente la convirtió en una especie de complejo hotelero donde se hospedaron algunos de los escritores (Scott Fitzgerald, Aldous Huxley) que en los años 30 visitaron! Hollywood para escribir guiones de cine.

Es, por tanto, otra canción sobre un hotel en la que, esta vez,

The Eagles no tienen ningún reparo en hablar abiertamente de Satán. La aparición del Maligno en la canción la explica Don Henley en una entrevista en Internet:

«Me considero una persona espiritual, y estoy fascinado por la religión y por la mitología que la rodea, y Satán es parte de esa mitología. Después de crecer y recibir una educación, no estaba ni de cerca tan asustado respecto a algunas de esas cosas que me atemorizaban cuando era más joven, en la Iglesia, recibiendo sermones sobre el fuego del Infierno y un montón de cosas terribles.

»Estoy realmente fascinado por todas esas cosas, entre ellas el Diablo porque no le tengo miedo. De hecho, hay un verso en la canción en que el Diablo le dice al joven: «Siempre me gustaste porque no me tenías miedo». Y hay algunos libros maravillosos sobre Satán.

»Hay un libro llamado El Maestro y Margarita que fue escrito por un novelista ruso en los años 30[37]. Existen libros de Stanley Elkin, uno de mis autores favoritos, sobre Satán, y Satán es una especie de personaje humorístico en algunos de estos libros. Es un tipo simpático».

Considero estas declaraciones de Don Henley muy apropiadas para cerrar este capítulo, porque captan la idea del uso de la figura del Diablo en los textos de las canciones de rock como un recurso literario, como una metáfora de todo lo que el Demonio —como personaje mitológico— representa: rebeldía, tentación, libre pensamiento, individualismo, maldad, castigo… Es el reflejo del espíritu intelectual de los años 70, de un satanismo culto que huye de la superstición popular y que se distancia claramente de su hijo bastardo: el satanismo burdo y sangriento del heavy metal de los años 80.

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